lunes, 10 de noviembre de 2014
PEROL FAMILIAR
lunes, 17 de marzo de 2014
EXCURSIÓN FAMILIAR
miércoles, 12 de junio de 2013
FIESTA DE FIN DE CURSO FAMILIAR
El próximo sábado 15 de junio tendrá lugar la fiesta de fin de curso del Club. El horario previsto para ese día será:
20.00 h. Santa Misa
21.00 h. Show preparado por vuestros hijos
22.00 h. Cena
La fiesta tendrá lugar en la sede del Club. Para dejar los vehículos aconsejamos el aparcamiento que hay en frente del camping, la calle Helvia Albina y el propio Club.
La cena será informal -a modo de buffet- y con antelación os llamarán algunas madres encargadas para que colaboréis en la preparación.
Aprovechamos para recordaros que el miércoles 26 de Junio se celebrará a las 20.00 h., en la Santa Iglesia Catedral, la Misa en honor de San Josemaría. Será presidida por el Sr. Obispo.
lunes, 26 de noviembre de 2012
Las familias de la Tele
Hay series de televisión que se ven en familia. Todos juntitos, alrededor de la mesa de camilla y del ventilador, esperando con ilusión para saber qué nos cuentan esta vez "Ana y los 7", "Los Serrano", "Aquí no hay quien viva"...
La familia que ve las series de TV unida... ¿permanecerá unida?
La imagen que nos quieren trasmitir sobre la familia las productoras de televisión está bastante adulterada. No hay que olvidar que sus intereses son exclusivamente crematísticos. Por eso, nos encontramos con unos programas golosos, con un cierto sentido del humor y unos personajes muy trabajados. Los guiones son sencillos de seguir, con muchos paralelismos basados en tópicos y muy similares entre el resto de las series.
Precisamente, lo que nos muestran a través de la pequeña pantalla son familias rotas, infidelidades constantes desde los quince años, historias histéricas con los sentimientos a flor de piel, de ellas y de ellos. Adolescentes revolucionarios con metas vitales vacías. Quinceañeras sin pudor excesivamente fáciles como para ser mujeres de provecho. Esos son los modelos que ya se ven en la calle entre los jóvenes de estas edades. De la tele a la calle hay menos espacio del que parece.
El modelo de matrimonio es una viñeta de cómic. Ambos se aguantan pero ninguno se ama. Parece como si cada marido y cada esposa de la serie dijera con sus caras: "vaya tela lo que me ha tocado". Todo esto entra por ósmosis.
En un ambiente así, en el que la falta de intimidad y la banalización de los temas humanos más serios se convierten en el secreto del éxito, es difícil encontrar una virtud cabalgando por el guión. Los modelos que se nos ofrecen son tan falsos, tan superficiales y tan... bobos, que, sencillamente, no merecen la pena.
Ir contracorriente es también gobernar el mando y elegir lo que se ve en familia sin miedo a ser los únicos españoles del mundo que no seguimos las desventuras de Ana Obregón.
martes, 13 de noviembre de 2012
Una visita al oculista
Imagínate que padeces un serio problema de visión y decides acudir a la consulta del oculista.
El médico, después de escuchar brevemente tu explicación del problema, saca del bolsillo sus gafas y te las entrega mientras dice con gesto solemne:
- "Póngase usted estas gafas. Yo las he usado durante diez años y me han ido estupendamente."
Tú pones una cara de asombro mayúsculo, y el oculista, sin pestañear, añade:
- "No se preocupe, tengo otras en casa, puede usted quedarse con éstas".
Con un escepticismo difícil de superar, te pruebas esas gafas y, como era de prever, ves aún peor que antes, y te quejas:
- "Por favor, ¿cómo me van a servir sus gafas a mí? Veo todo borroso".
- "Oiga, haga el favor de poner más empeño", responde con gravedad el oculista.
- "Ya lo pongo, pero no veo nada", contestas ya al borde de la ira.
El oculista insiste:
- "Sea usted más paciente y colabore, por favor. Tienen que servirle. A mí me han ido muy bien todos estos años".
Finalmente te vas de allí, escandalizado ante semejante ineptitud, y el oculista por llamarle de alguna manera se queda pensando:
- "Hay que ver, qué hombre más ingrato. No he logrado que me comprenda. Yo sólo pretendía ayudarle y... ¡cómo se ha puesto!".
Lo que este ejemplo pretende resaltar es que muchas veces, cuando damos un consejo a alguien, nos está pasando algo bastante parecido a lo que sucedía a ese oculista. Nos sentimos frustrados porque una determinada persona no nos comprende, o porque rechaza nuestros consejos, y quizá nos quejamos de que no pone interés en escucharnos. Y en realidad el problema no es que a esa persona le falte interés, o le falten entendederas, sino que nosotros estamos equivocando el planteamiento, y esa persona no entiende lo que le decimos porque no hemos logrado antes comprender nosotros cuál es su verdadero problema: le estamos recomendando con vehemencia usar unas gafas que a nosotros nos van bien, pero a él probablemente no. Tenemos que diagnosticar antes qué gafas necesita.
martes, 6 de noviembre de 2012
Carta de un hijo a todos los padres del mundo
Queridos papá y mamá:
No me des todo lo que pido. A veces, sólo pido para ver hasta cuánto puedo coger.
No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también. Y yo no quiero hacerlo.
No me des siempre órdenes. Si, en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.
Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo, pero también si es un castigo.
No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mi hermana. Si tú me haces sentirme mejor que los demás, alguien va a sufrir, y si me haces sentirme peor que los demás, seré yo quien sufra.
No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decide y mantén esa decisión.
Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.
No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentirme mal y perder la fe en lo que me dices.
Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga por qué lo hice. A veces ni yo mismo lo sé. Cuando estés equivocado en algo, admítelo, y crecerá la opinión que yo tengo de ti, y así me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.
Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos. Porque seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.
No me digas que haga una cosa y tú no la haces. Yo aprenderé siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.
Enséñame a amar y a conocer a Dios. Aunque en el colegio me quieren enseñar, de nada vale si veo que tú ni conoces ni amas a Dios.
Cuando te cuente un problema mío, no me digas: "No tengo tiempo para bobadas", o "Eso no tiene importancia". Trata de comprenderme y ayudarme.
lunes, 29 de octubre de 2012
Un poco de comportamiento social
Hay personas cuya torpeza en sus relaciones humanas proviene, simplemente, de haber recibido una escasa educación en todo lo referente a las normas de comportamiento social. Cuando advierten esas carencias, puede invadirles un considerable miedo a no saber manejarse con soltura o a cometer errores que les parecen extraordinariamente ridículos. En cualquier caso, la única solución asequible es esforzarse por cultivar cuestiones básicas para la buena convivencia diaria. Por ejemplo, aprender a:
- iniciar o mantener con soltura una conversación circunstancial, para no ser de esos que a las dos palabras tienen que despedirse con cualquier pretexto, porque apenas tienen conversación y no saben qué más decir.
- mostrar interés por lo que nos dicen, y hablar sin apartar la mirada;
- saber decir que no, o dar por terminada una conversación o una llamada telefónica que se alarga demasiado;
- darse cuenta de que el interlocutor lleva tiempo emitiendo discretas señales de su deseo de cambiar de tema, o de terminar la conversación o la visita;
- no invadir el espacio personal de los demás (no acercarse físicamente demasiado al hablar; no entrar en temas o lugares que requieren andarse con mucha más prudencia y respeto; evitar preguntas molestas o inoportunas; etc.);
- no emplear tono paternalista, o de reconvención inoportuna, de hostilidad o de superioridad (todos ellos despiertan incomodidad o actitud de defensa en el interlocutor);
- pedir perdón cuando sea necesario, dar las gracias, pedir las cosas por favor, etc. (es más importante de lo que parece).
Se trata de reconocer los mensajes emocionales que emiten los demás, y también de acertar en los que emitimos nosotros. Ambas sensibilidades suelen estar muy relacionadas, y ambas son muy importantes. A veces, por ejemplo, una simple expresión facial inoportuna o desafortunada, o un comentario o un tono de voz que se interprete de forma negativa, pueden hacer que los demás reaccionen de forma distinta a lo que esperábamos, y nos sentiremos frustrados ante esos efectos indeseados de nuestro comportamiento. Por eso resulta decisivo aprender a situarse en relación a cada persona, sabiendo que cada uno puede tener una forma de ser muy distinta a la nuestra.
No basta con tratar a los demás
como queremos que nos traten a nosotros,
hay que tratarles como querríamos que nos trataran si fuéramos como ellos.
martes, 16 de octubre de 2012
La Historia de Nacho
Nacho era un chico de doce años, inteligente y buen muchacho, a quien tuve oportunidad de tratar más de cerca en un campamento, durante las vacaciones escolares. En este régimen de vida queda muy de manifiesto la forma de ser de cada uno, y Nacho enseguida se reveló como personaje caprichoso, que se enfadaba continuamente en el deporte y en los juegos, no quería ayudar a recoger las mesas, resultaba bastante antipático a sus compañeros, se las arreglaba para hacer siempre lo menos posible...; en fin, un desastre.
En contra de lo que pudiera pensarse, sus padres eran excelentes personas. Hablé con ellos. Me decían: "Mira, Nacho es un chico excelente, con muy buenos sentimientos, está lleno de valores positivos por dentro. Por el corazón te lo ganas siempre que quieras...".
Al hablarles, con enorme delicadeza, de lo que en el campamento se había visto, se mostraron contrariados y apenas admitían que tuviera ninguno de esos defectos que tan patentes resultaban. La defensa que hacían de sus supuestas virtudes era demasiado vehemente. Ver lo positivo de un hijo es algo natural, y bueno, pero se trataba de encontrar el modo de ayudarle, y estaban poco abiertos a admitir nada distinto de lo que ellos pensaban.
Al final bajamos al detalle de cómo actuaba en casa. Fueron saliendo cuestiones concretas muy reveladoras. Por ejemplo:
• Habitualmente era papá quien ponía la mesa mientras Nacho veía la televisión.
• Era mamá quien dejaba la plancha para acercarse a abrir la puerta porque el chico estaba muy atareado con sus juegos en el ordenador.
• Suspendía habitualmente varias asignaturas, pero achacaban esos resultados a injusticias de los profesores y a la mala suerte.
• Comía a su capricho, y con pocas excepciones.
• Cuando llegaba a casa dejaba todo tirado. Para recogerlo estaba la atenta solicitud materna.
• Ellos casi siempre cedían sin apenas resistencia.
• Tanto papá como mamá le hacían frecuentes consideraciones sobre su reprobable actitud, pero –insistían "no podemos forzar al chico, tiene que salir de él".
Es preciso dar ejemplo a los chicos, motivarles y hacer nacer en ellos ideas positivas, sí. Pero eso no equivale a consentirles todo mientras se espera la llegada de esas iniciativas. No se trata de introducir en la casa una disciplina militar, pero no es formativo que de modo habitual no ayude en nada, que nunca pueda hacer pequeños recados, o darle siempre la razón, o permitir que haga siempre lo que le dé la gana. Tan equivocado es ser excesivamente severos como excesivamente tolerantes.
Es mejor plantear esa batalla en términos positivos: que sea él mismo –que bien puede ya a esta edad – quien se haga la cama, se cepille los zapatos, ayude a poner o quitar la mesa, pase el aspirador por su habitación, ordene su armario, o trabajos por el estilo. Son cosas que influyen mucho en la consolidación de un buen carácter y que repercuten siempre de modo favorable en el ambiente familiar.
martes, 9 de octubre de 2012
La autoridad se conquista mereciéndola
La autoridad puede depender mucho del temperamento, de la forma de ser de cada uno. No obstante, puede adquirirse, mejorarse o perderse conforme a normas seguras que conviene conocer.
Cuando a un padre o a una madre, o a un profesor, no le obedecen –en condiciones normales, claro está--, la falta no está de ordinario en los chicos, sino en quien manda. Repetir órdenes sin resultado, intervenir constantemente, mostrar aire dubitativo o falta de convicción e inseguridad en lo que se dice, son las causas más habituales de la pérdida de autoridad.
No ha de confundirse autoridad con autoritarismo. La dictadura familiar requiere poco talento, pero es mala estrategia. Ser autoritario no otorga autoridad. Hay quien piensa que el éxito está en que jamás le rechisten una orden. Pero eso es confundir la sumisión absoluta de los hijos con lo que es verdadera autoridad; no saber distinguir entre poder y autoridad.
El poder se recibe, la autoridad hay que ganarla en buena lid: se conquista mereciéndola.
Mandar es fácil. Conseguir ser obedecido, ya no tanto. Y lo que exige un auténtico arte es conseguir que los hijos obedezcan en un clima de libertad.
En edades tempranas era más fácil, pero con el tiempo las cosas se van haciendo difíciles, hay una mayor contestación, el chico se rebela con más fuerza ante lo que no entiende. Esto llega con la adolescencia, o antes; a veces, con motivo de la adolescencia de un hermano mayor; y en cualquier caso, antes que en otras generaciones.
Si los padres hasta entonces han abusado de la imposición, el fracaso educativo se puede casi asegurar.
El chico tiene ahora diez o doce años. Ya no es una criatura que obedece "porque sí". Dentro de poco será un hombrecito biológica y psicológicamente independiente.
Prepáralo para que pueda elegir libremente lo mejor.
No tengas miedo a la libertad. Enséñale a pensar y a decidir. Educar en la libertad es difícil, pero es lo más necesario. Porque hay padres que, por afanes de libertad, no educan; y otros que, por afanes educativos, no respetan la libertad. Y ambos extremos son igualmente equivocados.
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Recibe este mensaje porque sus datos están en la Base de Datos del Club Juvenil Trassierra (Asociación Club Trassierra; Avda. del Brillante, 67 BIS, 14012 Córdoba). Si no desea recibir más mensajes, responda a este mismo mail comunicándolo.
martes, 2 de octubre de 2012
Señores de sí mismo
Combatir contra uno mismo es la batalla más difícil y, junto a ello, vencerse a sí mismo es la victoria más importante. A la inteligencia corresponde regir la conducta humana, y esto constituye una pelea diaria contra todo lo que en nuestra vida debe mejorar.
Debemos otorgar a la inteligencia y a la voluntad, ese señorío sobre los actos todos de nuestra vida. Repasemos, como antes, unos cuantos detalles prácticos sobre ese señorío personal, aplicables al chico de esta edad.
Serenidad y equilibrio. Tiene múltiples manifestaciones en la vida diaria. Que sepa mantener la atención en varios frentes sin aturdirse. Que sea capaz de tener dos cosas a la vez en la cabeza. Que no se enfade y patalee cuando no le salen las cosas, o si sufre un pequeño contratiempo. Que no pierda la cabeza por cualquier tontería.
Paciencia. Que aprenda a esperar, a dar tiempo al tiempo. Como siempre, además, suelen ser precisamente los más impacientes y los que más exigen a los demás, quienes luego más transigen consigo mismo y con más facilidad justifican todo lo que hacen, incluso aquello que verían mal si lo hicieran otros.
Elegancia ante el fracaso o el triunfo. Que no sea de ésos que se les suben a la cabeza los primeros éxitos, y se hunden luego al mínimo contratiempo. Si se viene abajo lo que está haciendo, que vuelva a empezar sin nerviosismos. Que conserve la calma cuando todo va mal y los demás pierden los papeles.
Nobleza. Lealtad. Señorío ante el agravio. Que sea leal con sus amigos. Que mantenga su palabra. Que no recurra al insulto o a la venganza ante lo que le afrenta. Que aprenda a defenderse del agresor sin entrar en su juego de injurias y de mentiras. Ha de evitar la murmuración, que tiene unos efectos demoledores en cualquier ambiente, y más en el familiar.
Acostumbrarse a hablar bien de los demás, en cambio, es una costumbre muy recomendable. Todavía recuerdo con emoción el funeral de aquel viejo amigo, excelente profesional fallecido en accidente de tráfico; al terminar, uno de sus compañeros comentó: "Mira, le tenía una gran estima porque sabía hablar bien de la gente; llevo dieciocho años trabajando a su lado y jamás le he oído murmurar de nadie".
Rechazo de la envidia. A muchos chicos les viene la tristeza por las rendijas de la envidia, porque se alegran de los fracasos de los demás y en absoluto sufren con sus dolores o preocupaciones. No les sucedería así si cortaran de raíz cualquier asomo de desazón o de celos por esta causa. Hay que alentar en ellos un espíritu noble y generoso que les lleve a gozarse de las alegrías ajenas.
Borrar el resentimiento. Otro de los peligros de ese mundo interior enrarecido de que hablamos es que sirve de caldo de cultivo de agravios y rencores de todo tipo. Se crea así un ambiente cerrado donde a veces sólo se mantiene el recuerdo de las afrentas y de los desplantes. Hay que enseñarle a perdonar y a olvidar, que son llaves de entrada a esa preciada paz interior.
lunes, 14 de mayo de 2012
¿Le pongo un profesor particular?
lunes, 7 de mayo de 2012
¿Le dejo ir este verano al extranjero?
Algunos padres piensan que la adolescencia es la peor edad para enviar a su hijo al extranjero a estudiar un segundo idioma. Otros en cambio opinan, que a esta edad es la más apropiada para aprovechar todas sus capacidades. Sin embargo tienes que mirar a tu hijo y pensar cuál es su grado de madurez, personalidad y responsabilidad, para no tirar el curso por la borda y lo que es peor, que no regrese a casa "totalmente cambiado".
Una vez conscientes de que, para no equivocarse o errar, en la toma de este tipo de decisiones hay que mirar a vuestro hijo: su madurez, personalidad y responsabilidad, os puede ser útil este breve cuestionario acerca de ciertas carencias que la experiencia dicta como necesarias de colmar, antes de enviar a vuestro hijo al extranjero.
1. Si en ocasiones os engaña o no es valiente para contarnos la verdad de algunos de sus actos. Será probable que no os cuente toda la verdad de lo que ocurre en el extranjero. ¡Esto que me ha pasado –pensará- no se lo cuento a mis padres, si se enteran me montan la bronca por teléfono y me vienen a buscar!"
2. Si es un niño inseguro, miedoso, con temor a enfrentarse a los problemas. Pensar ¡le mando al extranjero a ver si espabila!, ojo, tal vez es mejor enseñarle y motivarle para que incremente su autoestima y seguridad, no vaya a ser que se derrumbe psicológicamente en el extranjero y se encuentre solo y sin apoyo. O que no llegue a madurar en esas cosas y si "espabile" en otras que no interesa tanto a su edad.
3. Si gasta más de la cuenta, no sabe ahorrar. No tiene sentido de la responsabilidad y del deber en los gastos en casa. Si es así, puede que no llegue a valorar el esfuerzo económico que va a suponer para vosotros costearle el curso en el extranjero.
4. Si académicamente va mal, no es una solución esta decisión: ¡ Has sacado malísimas notas, te envío a Estados Unidos a ver si mejora tu rendimiento y por lo menos aprende inglés!. La experiencia es que regresan peor. Hay que tratar de reforzar su voluntad en el estudio y el esfuerzo y después tendrá la autonomía suficiente para desenvolverse en otro país.









